28/06/2017

La solidez de la cultura talayótica

La solidez de la cultura talayótica

Rocas, solidez, majestuosidad… Son expresiones que nos vienen a la mente cuando pensamos en la cultura talayótica, la cultura de los menorquines, un periodo histórico que se remonta en el tiempo a desde el final de la Edad de Bronce hasta la Edad del Hierro.

Todavía hoy en día, con nuestra actual tecnología y nivel de conocimiento, sigue siendo un misterio imaginar cómo pudieron esos primeros pobladores menorquines levantar semejantes moles de piedra. Y es que la expresión cultura talayótica debe su nombre a la palabra talayot, con la que se conocen a las construcciones prehistóricas en forma de torres de piedras de varios metros de volumen que adornan el paisaje menorquín. Mientras que las llamadas taulas –mesa en catalán-, también con varios metros de altura y toneladas de peso, fueron calificadas por los autores antiguos como “mesas de gigantes”, debido a sus colosales proporciones.

El hecho de que Menorca albergue en sus 700 quilómetros cuadrados de superficie un total de más de 1.500 monumentos prehistóricos, la convierte en un auténtico museo al aire libre, por el que aspira a ostentar el título de Patrimonio de la Humanidad que concede la UNESCO.

Dentro de este impresionante listado merece especialmente la pena visitar la Naveta de Es Tudons, ubicada muy cerca de Ciutadella, por su excelente estado de conservación. Destinada a un uso funerario, en las excavaciones que la pusieron al descubierto se hallaron restos de un centenar de individuos.

También en Ciutadella se encuentra una de las necrópolis o cementerios más espectaculares de Menorca, la de Cala Morell, integrada por 14 cuevas excavadas en su día por los primeros habitantes de la Isla.

Con una superficie de seis hectáreas, siendo el más grande Menorca y uno de los mayores de Baleares se divisa en lo alto de una colina ubicada en el término municipal de Alaior el poblado talayótico de Torre d’en Galmés, entramado prehistórico que ejercía cierta supremacía sobre el resto de poblados de la isla. Su máximo esplendor, lo vivió desde 1.300 a. C. hasta la época romana, llegando a albergar casi un millar de personas.

Así pues, no lo dudes. Menorca colma las expectativas de los apasionados de la arqueología y de aquellas personas que simplemente quieren ampliar un poco sus conocimientos en un entorno natural cuidado. ¡Visita Menorca!